viernes, 18 de marzo de 2011

La pastilla de jabón


Una pastilla de jabón ha tenido la culpa. Hoy he aspirado el aroma de una pastilla de jabón, ya olvidado en los anales de mi memoria. Hoy, el sentido del olfato se ha conectado, como si de una corriente eléctrica se tratara, con los otros cuatro sentidos. Hoy, todos ellos se han puesto de acuerdo para encender el interruptor de mi memoria, y han puesto tanto empeño, que el baúl de los recuerdos olvidados se ha abierto, saliendo a borbotones vivencias infantiles de aquellos años en blanco y negro (políticamente negros) y que, sin embargo, yo los viví con todos los colores del arcoíris.
Cada recuerdo ha escogido su sentido, y así, el sentido de la vista me lleva a ver los zapatitos negros de charol; brillantes, relucientes, alineados a los pies de la cama. Encima de la impoluta colcha blanca, espera el vestido de organdí con su gran lazo atado a la espalda y la combinación almidonada con su puntillita de encaje, que luego asomaría por debajo del vestido inmaculado. Veo la bañera de cuatro patas con formas de garra de león y el chorro del agua saliendo de un grifo dorado; veo a mi madre peinándome el pelo aún húmedo en una bonita trenza que luego caería por mi espalda; y me veo de su mano camino de misa de doce.

Ilustración de Balta Esteban Fernández



El sentido del oído me lleva a la antigua radio que mi padre había traído de África. Las canciones de Machín, las coplas de La Piquer, el anuncio publicitario del famoso “Cola-cao” con su pegadiza canción “Es el cola-cao desayunos y meriendas”; las radionovelas de Guillermo Sautier Casaseca, Pedro Pablo Ayuso y Matilde Vilariño; Los discos dedicados, donde se podía escuchar los éxitos de entonces. “Para el niño Julianín Pérez, con mucho cariño de su tía Pepita, por su próxima comunión” y entonces saltaba a las ondas la prodigiosa voz del pequeño ruiseñor Joselito, que se mezclaba con el ruido de la máquina de coser Alfa de mi madre que, pedalea que te pedalea, me cosía los preciosos vestidos que luego estrenaba al domingo siguiente.



El olfato, que junto con el jabón es el culpable de estos recuerdos, me trae el aroma del riquísimo café recién hecho; al pan recién horneado untado con mantequilla, o con aceite y azúcar; al caldo de carne y gallina puesto al fuego, y que se colaba por toda la casa, por las escaleras y por los patios… al ramito de hierbabuena aromatizando la sopa, al ramo de flores frescas, en su jarrón de cristal en la mesa del comedor, salpicadas con un ramillete de lluvia; a las tortitas de carnaval mojadas en miel…
El sentido del gusto me ha hecho salivar, recordando el sabor de todas las comidas caseras que sólo una madre sabe hacer y, cómo no, al chicle bazooka y a los caramelos de nata.
El tacto. ¡Ay! el tacto; el de la nano de mi madre cuando me llevaba por la calle; el de la arena de la playa cuando hacía castillos, mientras mamá se metía en el mar y nadaba, nadaba y nadaba, y yo la miraba como se iba alejando; cada segundo más lejos hasta que sólo se veía un pequeño puntito negro. Entonces mi angustia era tal, que los ojos se me iban cuajando de lágrimas, y sentía el tacto de mis manos limpiar desesperadamente esas las lágrimas que me habían quitado la visión por un instante, del puntito negro que era mi madre. Ahora, el puntito se iba aproximado, y cada vez estaba más cerca de la orilla. Cuando por fin salía del agua, me abrazaba a su cuerpo mojado y rompía a llorar desconsoladamente; entonces sentía el tacto de sus manos en mi cuerpo apretándolo y tranquilizándolo cariñosamente.
Hoy, una pastilla de jabón se ha convertido en una máquina del tiempo.
Hoy, una pastilla de jabón tiene la culpa de que me sienta triste, afligida y apenada por la añoranza, y las ausencias.
Hoy, una pastilla de jabón también me ha hecho feliz.
Hoy, he desenvuelto despacio, una pastilla de jabón LUX…”El jabón de las estrellas.”


M.M

5 comentarios:

Alberto dijo...

Maria:

Casi me haces llorar, muchos recuerdos se ligan a aromas.
En México era mas frecuente encontrarme con ellos, los aromas y en consecuencia con los recuerdos, siempre inesperados, a veces gratos, a veces de añoranza y otros no tanto.
Un dia caminando por el centro de Montréal, recupere un aroma muy particular, que hacia mucho no detectaba, ese aroma me recuerda mucho a mi padre, esa es otra historia.
Asi es Maria, los aromas te sorprenden, cuando menos los esperas y te asaltan recuerdos y emociones que segun tu estan enterrados u olvidados.
Casi me haces llorar.

margaritamayoral dijo...

Me gusto mucho "La pastilla de jabón". Es cierto, en muchas ocasiones tan solo un aroma o inclusive un sabor te puede traer a la mente más recuerdos de los que podrías obtener por medio de las imagenes. Inclusive, llegas a recordar sentimientos y sensaciones tanto de felicidad como de trsiteza que, como bien dices, te van llevando de la mano a la añoranza. La mayoría de las veces son las cosas más sencillas y cotidianas las que se mantienen en tu memoria y que despiertan a la menor provocación haciendote sonreir y recordar lo que has vivido.

ADELFA MARTIN dijo...

uffff ¡cuantos recuerdos puedo asiilar a tu hermoso escrito!, eso de las canciones de Machìn, la voz de Joselito...lamàquina de coser que no era Alfa sino Singer...hermoso de verdad, gracias por traer algo tan entrañable...

abrazos

Anónimo dijo...

Sí, hay olores y sabores que te traen recuerdos del pasado,y la mayoría de las veces suelen ser agradables. Gracias por tus comentarios. Un saludito!!

Anónimo dijo...

Alberto y Margarita, gracias por leerme. Espero que sigais visitando el blog y que dejeis vuestra opiniones. Saludos.